lunes 23 de noviembre de 2009

El diálogo como imperativo de humanidad en el "Filoxeno" de León David

El diálogo es uno de los medios de expresión por excelencia de la reflexión filosófica. En él confluyen muchos de los componentes típicos de esta forma de conocer la realidad: apertura hacia la novedad ---cosa distinta de la moda---, la creatividad y el descubrimiento, sentido de la totalidad, pericia en el arte de escuchar, tacto en el ejercicio del criterio, paciencia ante la posibilidad de arribar a conclusiones. El diálogo es, en efecto, una apuesta al servicio de la buena conversación y de la democracia. Vale decir, del reconocimiento del otro, independientemente de cuáles sean sus hábitos mentales, sus costumbres o su concepción del mundo.
Dialogar es, sin embargo, un arte que cuenta con cada vez menos oficiantes en la República Dominicana. El autoritarismo campea, y no precisamente en el Estado, sino en los intersticios de la cotidianidad y de las relaciones académicas y de familia. Esta obra, de la autoría del reconocido poeta y pensador dominicano Juan José Jimenes Sabater, mejor conocido como León David, es una elocuente invitación a percibir el diálogo como algo lúdico, como un ejercicio de constructivo entretenimiento, pero, también, como herramienta de exploración gnoseológica. Se conversa para crecer e integrar a las propias convicciones nuevos aires, nuevas razones, nuevos atisbos de conclusión. Dialogar es ya saberse limitado; hallarse en disposición de ensanchar los horizontes del propio mundo interior.

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lunes 5 de octubre de 2009

Palabras de clausura de la V Feria Regional del Libro, La Vega 2009


PALABRAS DE CLAUSURA DE LA

V FERIA REGIONAL DEL LIBRO LA VEGA 2009


Cuenta Don Gavino Espínola, en el tomo I de La Vega histórica ----publicado por la presente gestión de la Secretaría de Estado de Cultura, a propósito de la celebración de la VIII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2005----, que en el centro la Plaza de Armas que funcionó en el mismo lugar donde hoy se encuentra el Parque Duarte, a cuyo costado nos encontramos, fue plantada, durante el periodo de la Dominación Haitiana, una palmera a la que los veganos de entonces dieron en llamar La Palma de la Libertad. Cuenta, también, que al oeste, dentro de la misma plaza, había un cocotero de mediano tamaño y abundantes racimos, en cuyo tronco, en tiempos de la Restauración de la República, tuvo lugar un acto impropio e innecesario: el fusilamiento del ciudadano español Manuel Guardiana, por orden expresa del comandante Manuel Mejía. Y se dice que, a seguidas, la mata de coco “bajó sus pencas para cubrir el cadáver”, y que “no las levantó más, secándose por completo como protesta muda por el crimen de que había sido testigo”.


Muchas son las acciones y múltiples los pasajes de la vida social de esta provincia en los que las plantas ocupan un lugar señero, pues como se afirma en el documental que realizaran Adriano Miguel Tejada ----actual Director del periódico Diario Libre---- y José Rafael Lantigua ----actual Secretario de Estado de Cultura---- con motivo de la primera Feria Regional Provincial del Libro que el segundo organizara aquí, hace 10 años, los árboles se hallan íntimamente ligados a la historia de La Vega Real. Desde aquel níspero bendito de una de cuyas ramas fue construida la Santa Cruz el 14 de marzo de 1495, por disposición del Almirante de la Mar
Océana
, hasta el higüero del patio de las hermanas Manuela, Francisca Angustia y María del Carmen Villa, a la sombra del cual Juan Pablo Duarte se reuniera con sucesivas comisiones de notables veganos, entre el 26 y el 29 de junio de 1844, según nos deja saber Don César Arturo Abreu en las páginas 37 y 55, respectivamente, de su obra La Concepción de La Vega. Raíces de nuestro espíritu, publicada por Ediciones Ferilibro, y puesta en circulación el pasado jueves 24, en el marco de esta V Feria Regional del Libro La vega 2009.


Desde el tamarindo plantado por Don Martín de Moya en 1856, el día del nacimiento de su hija Anita de la Mota, hasta aquél de los dos samanes en que el general Pío Lazala, amarró su caballo aquel día de 1892 en que lo habrían de fusilar, los cuales habían sido sembrados por Don Pedro A. Bobea en 1884; del framboyán que sembrara Don Casimiro N. de Moya frente a su casa y que, andando el tiempo, diera sombra y cobijo a la reunión de éste y José Martí, a comienzos de 1895, hasta la mata de mango de la estación del ferrocarril debajo de la cual estuvieron varios conjurados, el 24 de julio de 1899, procedentes de Moca, con el propósito de ejecutar al general Ulises Heureaux ----lo cual no lograron ese día----, pero sí dos días después en la Villa del Viaducto, o aquel de los limoncillos que estaba al sur de este parque y que sirvió de morada de las “Tertulias de Don Federico García Godoy, de las que, entre tardes y noches, tomaron parte Manuel Ubaldo Gómez, Arismendi Robiou, Juan Gassó Gassó, Zoilo García, Manuel Morillo King, Narciso Alberti Bosch, Arístides Robiou, Adolfo Alejandro Novel, Hermógenes García, José Martí y Fabio Fiallo, entre otros… el árbol constituye un referente obligado del desenvolvimiento histórico de esta augusta comunidad.


Pues bien, señoras y señores, damas y caballeros, los miembros del equipo de trabajo a cargo de la administración cultural del Estado, puestos sobre el mismo corcel hemos venido. A lomos de un árbol de lápices y arabescos, pleno de motivos carnavalescos, leales a la noble tradición vegana, hemos sentado nuestros reales en este espacio cargado de historia y de valor que antiguamente alojó a la Plaza de Armas, que hoy es el Parque Duarte, ataviados de un programa de actividades tan amplio y diverso como frondosos y abundantes son los árboles de que hemos hablado; con la firme convicción de que a la auténtica libertad y al progreso llamado a permanecer sólo es posible llegar de manos de la cultura: 476 actividades culturales debidamente programadas, además de 97 realizadas al margen de la plan original han tenido lugar en este espacio ferial desde el pasado lunes 21 hasta hoy, domingo 27 de septiembre; 38 espectáculos musicales, 2 exposiciones pictóricas, 43 presentaciones teatrales, 39 presentaciones de libros, 19 pabellones (entre los cuales merecen especial mención: el Pabellón de Gastronomía, el Pabellón “Juan Bosch”, el Pabellón de Autores del Norte; el Mesón Infantil ----que incluyó 4 espacios, especialmente diseñados para los niños e infantes que visitaron la Feria: “Lectura Divertida”, orientado a la lectura, “Linterna mágica”, para la proyección audiovisual adecuada a sus edades, “Manos creativas”, donde fueron impartidos decenas de talleres manualidades, y “Zona Abierta”, un área orientada a cultivar la sensibilidad artística de los pequeños----; y los pabellones correspondientes a las 14 provincias de la región norte).


A estas grandes áreas habría que agregar los siguientes espacios: el Balcón de la Poesía, el Anfiteatro de la Casa de la Cultura, el Teatro Rodante Municipal, el cine-Feria Vega Real, el Patio de la Casa de Bule, el Salón Carnavales del Norte, el salón principal de la Biblioteca “Guido Gómez Despradel Batista”, y el de la Casa de la Cultura, el Auditorio de la Tarima de Espectáculos y la Glorieta del parque ferial, todos los cuales acogieron, durante estos 6 días de intensa actividad cultural, a las decenas y decenas de miles de personas que acudieron, de manera entusiasta a aprovechar esta inigualable oferta cultural, sin costos de entrada ni de participación para los interesados. Artistas y escritores de renombre nacional e internacional se dieron cita en este espacio, lo mismo que en los tiempos de Don Fed; y las autoridades provinciales y municipales, el empresariado local y regional, y los comunicadores sociales de la ciudad sede y de toda la región, respondieron en consecuencia, lo mismo que las fuerzas vivas, los señores Senadores y Gobernadores, los Directores Provinciales y los Subsecretarios de Cultura, en especial aquellos que tienen asiento en esta parte del país llamada el Norte, cual es el caso de Enegildo Peña, Orlando Lora y René Merete.


¡Vaya, pues, nuestro agradecimiento emocionado al honorable señor Senador de la República por la provincia de La Vega, Ing. Euclides Sánchez; al señor Gobernador Provincial, Dr. Mario Hidalgo; a Su Eminencia, Monseñor Antonio Camilo ----Obispo de la Diócesis de La Vega----; al ilustre señor Síndico Municipal, Ing. Fausto Ruiz, y su equipo, en especial al arquitecto Joel Martínez, al P. Angiolino Abreu, lo mismo que a Radio Santa María, a EDENORTE, en la persona ingeniero Otelo Ortiz, Gerente de Distribución de esa empresa energética, al Grupo Medrano, a la Dirección Regional 06 de la Secretaría de Estado de Educación y a la Cámara de Comercio y Producción de La Vega! Y a los veganos, en sentido general, que tan generosamente nos han acogido durante todo el proceso de preparación del evento que ha convertido a la culta, olímpica y carnavalesca en la Capital Cultural de la República durante el período ferial.


Gracias por la hospitalidad que les habeis brindado al equipo de trabajo de la Secretaría de Estado de Cultura, al frente del cual se ha encontrado en todo momento su máximo incumbente, quien, prácticamente ha trasladado su Despacho a esta ciudad durante la últimas semanas; hospitalidad de la que, en felices horas, también disfrutaron los europeos a su llegada a la vivienda del Cacique Guarionex, en Guaricano, en 1495; los desplazados de la banda norte a causa de las Devastaciones de Osorio de 1605 y 1606; Jordan Lancaster, mejor conocido como Comandante Lancaster, ingeniero mecánico, oficial del ejército norteamericano que, al decir del Ariosto Montesano, en las páginas, 25 y 26 de su obra Vivencias y ocurrencias veganas. Personajes y anécdotas, publicado por el sello editorial de la Feria del Libro y puesto en circulación a las 6: 00 de la tarde de ayer llegó a La Vega en 1856, a instalar una máquina de aserrar madera que obtuvo el P. Moya en Puerto Rico, y tanto se aclimató que en 1863 tomó parte activa en la Guerra de Restauración del lado dominicano; cosa que al decir de Jovino Espínola, en la páginas 97 y 98 del segundo volumen de su obra, puesto en circulación, igualmente, el pasado jueves 24, también ocurrió con otros dos ciudadanos: Federico Basilis Alvarez y Thomas Beal Warden, puertorriqueño y norteamericano, respectivamente, entre otros. La Vega es, pues, sinónimo de síntesis y de interculturalidad.


Un nuevo ciclo se cierra. Pero las Ferias del Libro, al modo que las concebimos quienes formamos parte de la administración cultural del Estado en los tiempos que corren, no se agotan en el periodo mismo de su realización. No sólo apostamos a que resuene el eco de sus beneficios intangibles, sino que procuramos dejar la marca de su huella en obras y acciones culturales concretas. En tal sentido, 24 nuevos libros de autores de la región, algunos de los cuales publican por primera vez, han sido dados a la estampa por la Secretaría de Estado de Cultura, a través de sus tres sellos editoriales: Editora Nacional, Ediciones de la SEC y Ediciones Ferilibro, con motivo de esta V Feria Regional del Libro La Vega 2009, 6 de estos autores son nativos de La Vega; las paredes exteriores del Cementerio Ornamental han sido pobladas de hermosas obras de arte por el equipo del Plan Nacional de Murales de nuestra cartera, al frente del cual ha estado el pintor vegano Yi –Yoh Robles, en estrecha colaboración de su colega José Lantigua (Bule); el pasado viernes entregamos un total de 512 libros a cada uno de los Directores de Cultura de igual número de provincias de la región, con el objeto de formar o fortalecer, según sea el caso, las correspondientes bibliotecas municipales, cual es el caso de la Biblioteca Municipal “Dr. Guido Despradel Batista”; como parte de los preparativos para la celebración de la Feria, acondicionamos y remozamos varios espacios culturales de la ciudad, como la Casa de Bule, la Casa de la Cultura, así como las esculturas del parque y el escudo de la ciudad ubicados en el espacio ferial, y a partir del lunes 28 haremos lo propio con las Escuelas de Bellas Artes de la ciudad. Lo cual, unido a las 982 personas que, directamente o indirectamente, se beneficiaron con un empleo o un contrato por servicios, supone una cifra de dinamización de la región, así en lo cultural como en lo estrictamente económico.

La acogida prodigada a estas iniciativas y al evento en sentido general, nos ha colmado de optimismo. Un cierto sentido de horizonte se ha apoderado de nuestro ánimo. Algo nos ha dejado entrever, que la simiente sembrada en esta ocasión por el equipo de hombres y mujeres de la Secretaría de Estado de Cultura, con el apoyo de las Direcciones y las autoridades de las 14 provincias, que han traído a este espacio ferial, de manera sucesiva, lo mejor de su literatura, lo mejor de su arte, lo mejor de su gastronomía, no perecerán. Le hemos tomado la palabra a quienes, en público y en privado, han hecho manifiesta su intención de tomar de las manos del señor Secretario de Estado de Cultura, Lic. José Rafael Lantigua, la tea de la acción cultural a gran escala que hoy concluye para llevarla a nuevos estadios de madurez y plenitud, pues tenemos bien presente que la palabra, cuando va acompañada de la pasión, de la gerencia y de la creatividad, se convierte en una fuerza capaz de hacer que de ella nazca todo un mundo de nuevas realizaciones.


Así dio en acontecer con las palabras que al día siguiente de la llegada del P. Adolfo Alejandro Nouel a La Vega, el domingo 23 de marzo de 1891, le dirigiera Doña Petronila Peña, mejor conocida como Parira a propósito de la tarea que él mismo había consignado como prioritaria: “¡Reverendo Padre, si usted termina nuestra santa iglesia, en no lejanos días será Arzobispo de Santo Domingo, porque todo aquel sacerdote que con amor desinteresado se ocupare de ella, obtendrá esa gran recompensa”. La respuesta del padre Adolfo no se hizo esperar: “Señora, yo no busco ni pretendo éso… sólo quiero servir a Dios y convivir con ustedes, los veganos, porque en el poco tiempo que llevo en La Vega, ya me siento ser hijo de esta ciudad; pero, de todos modos, no olvidaré sus predicciones”. La vida siguió fluyendo, y el tiempo avanzando con su paso, a veces cansado y, a veces, transido de apremio y desmesura. Hasta que un día, llegado el año 1904, el padre Adolfo fue llamado a Roma, desde donde regresó investido como Arzobispo de Metina y Obispo de Santo Domingo. Y hubo gran regocijo en la ciudad, que le recibió con una inscripción levantada en mitad de la vía férrea, que rezaba: “La Vega recibe a su hijo amado”, y a pocos pasos de allí le esperaba, serena, Doña Parira, que ya tenía más de 90 años: “¡Vieja profetisa, tu profecía se ha cumplido… ya soy Arzobispo”, le dijo, al tiempo que la abrazaba con efusión. “Pero para La Vega seguirá siendo su padre Adolfo”, le contestó ella, entre feliz y conmovida. “Así es, hermana…así es”, le dijo el Padre.

Y así es, señoras y señores, damas y caballeros, como nos hemos sentido entre ustedes: acogidos como veganos y tratados como hermanos. Y es así como anhelamos seguir siendo considerados, como obreros y hermanos en la tarea de la construcción de La Vega del porvenir. Así es… Es así… Así es.


miércoles 26 de agosto de 2009

mamá: la rueca, el hilo
y el camino del retorno,
la brizna de rocío
que el viento congeló
y la queja que nunca oí.
Molino suave que derramó
de sustancia el corazón.

La vida
en el principio
y al final
de cada herida.
El fiel y la balanza,
y un puñado de rosas rojas
a cada lado del camino.

Lágrima sutil que empapa de nostalgia

este intento de canción.

mamá o la nuda amargura
de pensar en el adiós.

viernes 14 de agosto de 2009



Entre estas ramas verdes
y este viejo girasol
he vuelto a recordarte,
sobrio artista del miedo y la vergüenza.
“Hay lágrimas que bañan el alma”,
me dijiste aquella tarde junto a un estanque
espacioso y verde como la nada.
Mi empeño por comprender
tu huella blanca y vertical,
la curvatura del cielo
y la tristeza del camino
se ha estrellado una y otra vez contra el vacío.

Esta casa grande y vieja
se me antoja cada vez más distante y tranquila.
Anudados por palabras
en ella viven tu sombra y mi fantasma.
El espíritu de las aguas flota en el ambiente
y hace vibrar sus vigas polvorientas y cansadas.

Tú habitas en cada rendija
de esta pena
y llenas cada resquicio
de esta mañana de ausencia.




martes 4 de agosto de 2009


a Juan Carlos
y Zoraima Carolina,
ahora que ingresan a la universidad*


Los miro alejarse

los dos
cada día temprano en la mañana
con sus pasitos torpes
sus alforjas de sueño
y su horizonte de nada.
Y yo me quedo solo
contemplando la distancia,
destasando con mis manos
el ovillo de los tiempos que se fueron
y del cielo que perdí.
En primavera y en otoño
bajo el sol de mayo
o la lluvia de agosto.



* Este intento de canción se lo escribí a ustedes, cuando aún eran pequeñitos, pequeñitos, luego de dejarlos, a pocos pasos del portón del Colegio “Divina Pastora”, en un tiempo en que Marsella Alexandra aún no estaba inscrita en la escuela.

martes 21 de julio de 2009

Palabras para el poemario "Nos dolerà la noche" de Romina Bayo

La poeta argentina Romina Bayo ha sido la primera ganadora en esta nueva época del certamen, con su poemario Nos dolerá la noche. Esta es la segunda obra, de la autoría de la joven creadora, que conoce el bautizo de la imprenta. En ésta, no menos que en la anterior, destaca en la escritora una fluidez y una perfección en el decir y en la configuración de las figuras del lenguaje de que se vale que evidencian una madurez poco frecuente en buena parte de sus congeneracionales. Tiene, no obstante, esta obra breve su propio atmósfera. Rezuma la fuerza de un acento personalísimo a través del cual se expresa con firmeza la voluntad de ser, en la vida y en la literatura, de este nuevo retoño del arte de la palabra latinoamericano.

De hecho, temas eternos de la producción poética de occidente ---Dios, el amor, el silencio, la noche, la propia identidad--- adquieren en esta forma breve de libro de gran calado, un aire de eternidad y una gracia inocente que sólo los poetas de estirpe conservan. Los poetas auténticos van siempre por la vida a la caza del sentido virginal de las palabras al uso. Su mirada se sitúa más allá del espejo del mundo. Lo propio de su condición es, pues, ser incomprendidos, sin importar cuan ciertos sean sus anhelos de hacer manifiestos asuntos complejos mediante los signos convencionales de expresión del pensamiento, de las intuiciones, de los sentimientos.

 

miércoles 8 de julio de 2009

Glosas para un intento de lectura del poemario "Esta Ciudad ha sido Tomada por las Piedras", de Alejandro Gonzàlez

Decir poesía es decir libertad. Ahora bien, todo poeta es, al propio tiempo, un testigo de excepción de su espacio-tiempo histórico. La pasión por la lengua es una de las premisas básicas de la creación poética, si bien la gran poesía sólo deja asomar sus filamentos encantados en la medida en que el poeta transgrede los universos de significado que le han servido de punto de partida. La creación artística tiene siempre un inestimable valor testimonial, pues no sólo revela la altitud estética alcanzada en un momento dado, sino que, además, incluye, como difuminados o a contraluz, vestigios de suyo elocuentes de la tradición frente a la que se levanta y de la circunstancia en medio de la cual emerge.

El quehacer artístico es faena intransferible, estrictamente personal. La particular manera en que un poeta se piensa a sí mismo o percibe la noche, su ciudad o la multitud que, entre una y otra, se desplaza, sólo él puede aportarla. La mirada de un poeta es siempre única e irrepetible. Constituye una callada invitación, persistente sin embargo, a re-mirar con pupilas renovadas la realidad, interna y externa. Por ejemplo, es imposible que volvamos a ver de la misma manera ese momento mágico en que los últimos destellos del día y las primeras sombras nocturnas se anudan, después de escuchar al poeta decir… “sucede la noche/(la negra arquitectura del misterio)/bajo sus límites la ciudad/se va poblando/de/silencios” (p. 14), o de sentirlo emprender la marcha “como un forastero solitario emboscado/en cada esquina por el miedo” (p.23) “agredido por la duda/doblegado (…) entre una muchedumbre/confusa/ que se desplaza aferrada a su sombra” (p. 15).


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miércoles 3 de junio de 2009

El diálogo filosófico, avanzada de la conciencia crítica dominicana del presente

(a propósito del libro “El problema de la elección moral” de Eulogio Silverio)
El diálogo filosófico, género de reciente factura entre los dominicanos
Los ensayos, los manuales y los tratados anidan, entre los intersticios de su entramado conceptual, la posibilidad de fosilizar el pensamiento. La racionalidad, como la vida, es incesante búsqueda; ángel en vuelo que no conoce de cansancios ni puertos de llegada.
Platón, sabedor de estas cosas, no sólo inició un sendero nuevo en la consideración de las cuestiones filosóficas, sino que, incluso, llegó a plantearse teóricamente el asunto en el Fedro (275 a). el mito de Theuth le ofreció el motivo perfecto para la conversión del tópico en materia de meditación.

El dios egipcio, inventor de la escritura, se presentó un día, sin más, ante el trono de Thamus, el faraón: “Este conocimiento, ¡Oh rey!, le dijo, hará más sabios a los egipcios; es el elixir de la memoria y de la sabiduría lo que con él se ha descubierto”. Mas, como el faraón entreviera que el dios en su euforia había perdido de vista un aspecto principal, con la debida prudencia, se dispuso a hacérselo notar: “la escritura ¡Oh Theuth!, producirá en los hombres, el olvido de la sabiduría. Fiándose de la escritura, recordarán de un modo externo valiéndose de caracteres ajenos, no desde su propio interior y de por sí. Será, por tanto, la apariencia de la sabiduría, no su verdad, lo que la escritura procurará a los hombres. Una vez que haya hecho de ellos eruditos, sin verdadera instrucción, su compañía será difícil de soportar, porque se creerán sabios en lugar de serlo”.

miércoles 20 de mayo de 2009

La lectura filosófica, un tipo específico de lectura

La Filosofía se ha expresado, a través del tiempo, mediante diversos géneros y modos. El poema, el aforismo, el diálogo, la memoria, el ensayo, la autobiografía espiritual, el manual, la pieza oratoria, el tratado, la confesión y el teatro, entre otros, han sido, de manera consecutiva o concomitante, medios alternativos escogidos por los filósofos para la puesta en común de sus preguntas, reflexiones e intuiciones. Con frecuencia acontece que es preciso ir a buscar los núcleos fundantes de esta particular manera de occidente de acercarse a los secretos del cosmos al corazón mismo de una selva virgen plena de metáforas, personajes imaginarios o de situaciones jamás vistas. En este sentido, la lectura filosófica es, como cualquier otra, un proceso de acercamiento sucesivo.

Todo texto es pasible de una lectura filosófica. Toda creación de la mente humana, e incluso cualquier costado de realidad es pasible de interpretación. La intelección es la única vía de hacer que un objeto, una obra o un conjunto de palabras pase a formar parte de un universo de significados, si bien en el artista y en el pensador el esfuerzo de comprensión se inicia en el momento mismo en que se dispone a exteriorizar sus percepciones. La sola conciencia de la existencia de algo o de alguien contiene, en efecto, la semilla de una cierta comprensión a partir de la cual lo percibido adquiere nueva dimensión. La interpretación es, pues, una de las múltiples aristas de la realidad.

La Filosofía hay que buscarla en los temas y en el tratamiento por ellos recibido, más que en el recipiente utilizado por los autores, sus orientaciones profesionales o los títulos de los libros. La naturaleza de la lectura depende más de la disposición espiritual del lector que del soporte o el formato de presentación del texto. Diversas son las actitudes con que nos acercamos a libros y cuartillas, tratados, periódicos, octavillas. Suele acontecer que lectores de diversa condición y edad dan por acercarse a las obras escritas por los filósofos y a las obras filosóficas de una carga considerable de preconcepciones. Se piensa que se trata de textos concebidos por gente superior para mentes privilegiadas; que son bloques conceptuales impenetrables, y que la oscuridad campea de uno a otro confín. Se los aborda, en la mayoría de los casos, de una manera tan excesivamente respetuosa que se ejerce un efecto paralizante sobre el entendimiento del lector.

La lectura filosófica es un tipo específico de lectura, de la misma manera que la Filosofía constituye una forma concreta de Literatura. Libros, periódicos y revistas de toda laya por igual aguardan la atención de un lector amable que se acerque a sus páginas entintadas o digitalizadas y plenas de generosidad. La verdad de la lectura no está en qué se lee, sino en cómo y para qué se hace. Leer es un arte que puede aprenderse y mejorarse, mediante la práctica o siguiendo las indicaciones de quienes nos han precedido en la cultura de su ejercicio. Tiene sus técnicas, sus trucos y sus reglas. El presente ejercicio de selección está orientado a descubrir, en la voz de lectores y escritores autorizados, por su trayectoria creativa e intelectual, filósofos profesionales la mayoría de ellos, cuáles son las claves secretas de la lectura filosófica. Ahora bien, el horizonte de este tipo especial de lectura, por paradójico que parezca, no se agota en la mera lectura.

Mente en estado activo, paciencia y un diccionario, son herramientas indispensables. Pasión por la lengua ----medio por excelencia de expresión de las ideas---- flexibilidad y apertura hacia el otro, disposición de hacer girar el entendimiento por lo menos durante cinco minutos sobre un mismo tema o una misma cuestión, capacidad de asombro y voluntad para tomar distancia tantas veces como sea necesario, lo mismo respecto a las ideas del autor que leemos en determinado momento como de las propias, parecen ser elementos que tampoco pueden faltar en el equipaje vital del aprendiz de lector de textos filosóficos. Lo mismo podría decirse del dominio de algunas operaciones lógicas primordiales, como el análisis, la síntesis, la división, la clasificación y la comparación. Empero, la reflexión personal, inseparable de la escritura en quienes en ella nos iniciamos, y la puesta en común, mediante el diálogo, son parte inseparable de este modo específico de lectura.

Escribir ayuda a modelar el pensamiento. Ideas que no están del todo claras, al ser plasmadas, adquieren contorno y figura. La lectura filosófica es inseparable de la producción intelectual. No se lee Filosofía para aprender, sino como pretexto para pensar. Escribir induce a centrar la mente y a delimitar las fronteras entre las percepciones propias y las ajenas. La escritura es compañera inexcusable de la lectura crítica y conceptual, pues la lectura filosófica es siempre un diálogo, consigo mismo y con la tradición. La glosa, la nota y la introspección son la rosa de los vientos del lector de textos filosóficos, y el supuesto necesario previo a toda conversación y a todo discurso. El intercambio dialógico, a su vez, constituye una ocasión irrepetible de poner entre corchetes las propias impresiones de lectura y las conclusiones personales a partir de ellas elaboradas.

viernes 15 de mayo de 2009

Breve estudio crítico acerca de la teoría de la ciencia en Aristóteles, última parte



V – Introducción general al estudio del problema lógico – metodológico en Aristóteles

Con bastante antelación en el tiempo respecto de Aristóteles ya se habían planteado otros pensadores muchos de los problemas actuales de la lógica formal. Por ejemplo, se atribuye a Protágoras el mérito de haber procurado un análisis profundo del razonamiento. Ya hemos visto como el mismo Aristóteles lo que a su juicio son los dos aportes fundamentales de Sócrates a la historia del pensamiento, a saber, la inducción y las definiciones; a Demócrito, se atribuye el haber estudiado la definición, la analogía, la formulación de hipótesis, el método experimental y el principio de razón suficiente; a Hipócrates el haber desarrollado el método de la observación; a Platón la formulación del principio de contradicción, clasificación de las categorías, así como un minucioso tratamiento sobre la refutación; a Euclides y Aristón de Quiro el haber formulado una teoría de la argumentación, establecer un esquema de la inferencia, así como desarrollar una teoría del significado y la verdad, etc… No obstante, es en Aristóteles donde la lógica formal encuentra los más netos niveles de sistematización, hasta tal punto que muchos historiadores llegan a considerarlo como el iniciador de la ciencia lógica; no sin razón, si recordamos que a la lógica en sentido general en la actualidad aún es fiel en lo fundamental las líneas que hace más de 20 siglos le señalara Aristóteles.

Así como analíticamente son aislables las distintas partes del cuerpo humano por la ciencia anatómica, así también las entidades o estructuras lógicas son divisibles en tantos o mas elementos. Estos elementos finales o últimos son el concepto, el juicio y el raciocinio.

Pero bien; la lógica no solo debe ser una lógica a examinar ésta estructura determinada del espíritu, la lógica ha de ser también un medio para la actividad científica para la refutación y para la demostración.

En Aristóteles también encontramos cierta preocupación encaminada a determinar en que medida se captan realmente el material correspondiente, lo cual nos muestra que su lógica no es solo formal sino también teoría del conocimiento, según hemos tenido la oportunidad de ver en el apartado inmediatamente anterior.

a- Teoría del Concepto

El concepto o término es la partícula lógica más elemental. No es ni verdadero ni falso, ni afirmativo ni negativo. Es aquella partícula en que puede ser desdoblado todo juicio o enunciación. “Entiendo por término aquello en que una premisa puede ser analizada, es decir, el predicado y el sujeto añadiéndole o quitándole el verso ser o no ser”
[1]. El concepto será siempre esencial, universal en la medida en que recoge lo común y esencial existente en las entidades particulares, por cuanto es permanente y necesario[2]. Pero si bien el concepto es siempre concepto de algo, lo es de manera intencional.

Como es evidente, el concepto deberá ser abstracto y general por su forma. No destructible a diferencia de las entidades particulares que éste expresa
[3].

En opinión de Aristóteles el número de conceptos de que generalmente hacemos, son reductibles a un número de grupos típicos: las categorías o “géneros supremos del ser”. Respecto del cual (ser) expresan notas de una esencia o aspectos de cantidad, relación, etc…, de ahí que las categorías se dividan en dos grandes momentos.
Substancia: es el ente que existe en sí mismo y posee por ello cierta independencia; de otra parte están los nueve esquemas restantes, los llamados accidentes o aquello que puede añadirse a la substancia para determinarla mas, etc…
Los accidentes en tanto que casuales y contingentes no pueden constituir fundamento de la ciencia, pues la ciencia es estable
[4].

Ahora bien, el concepto no es, según se ha planteado más arriba, sino parte integral de una estructura lógica más amplia que es el juicio, a cuyo tratamiento está dedicado el siguiente apartado.

B – Naturaleza y razón de ser del juicio

Cuando dos o más conceptos se unen en aras de estructurar algún enunciado sobre la realidad tenemos como resultado una estructura o entidad lógica que puede ser afirmativa o negativa que es a lo que llamamos juicio. Todo juicio es verdadero falso
[5]. Todo juicio consta de un sujeto, un predicado y una cópula

José es estudiante
S C P

El juicio expresa un paso respecto del concepto pues a diferencia del concepto que solo nos dice lo que algo es, el juicio observa que “notas de la realidad se hallan o no en un objeto”
[6] dado. Todo juicio tiene como fin el descubrimiento o la descripción de los nexos reales componentes existentes en su objeto.

C – Teoría del silogismo

El silogismo ocupa en la lógica aristotélica un lugar privilegiado. Para Aristóteles el silogismo es el fundamento vital y necesario de toda ciencia. La ciencia es por esencia demostrativa y el silogismo es el medio de demostración por excelencia.

Todo silogismo consta de dos premisas y una consecuencia o conclusión. Las premisas son conocimientos válidos de los cuales inferimos un nuevo conocimiento
[7].

“Un silogismo es un conjunto de palabras o locuciones en que al hacerse determinadas asumpciones se sigue necesariamente del hecho de haberse verificado de tal manera determinada las asumpciones, una cosa distinta (conclusión; A.A.) de la que se ha tomado. Por la expresión del hecho de haberse verificado de tal manera las asumpciones quiero decir – sigue diciendo Aristóteles – que es por causa de ello que se sigue la conclusión, y con esto significa que no hay necesidad de ningún otro término para hacer que la conclusión sea necesaria.
[8]

El silogismo es por esencia deductivo. Su axioma o fundamento estructural reside en que partiendo de universalidades demostramos, comprobamos o descubrimos nexos y relaciones existentes en entidades o cosas de menor extensión.

Si el silogismo aristotélico es deductivo y es el fundamento de la ciencia. La ciencia aristotélica debe, entonces, por necesidad, ser también deductiva.

Aun cuando en algún lugar hace alusión al silogismo inductivo y llega a admitir en la inducción un instrumento de conocimiento; luego llega a decir que inducción y silogismo (y por tanto: ciencia) son opuestos
[9]; terminando por concluir de manera tajante en el carácter deductivo por excelencia del silogismo con las correspondientes consecuencias para la ciencia. Estos planteamientos nos sorprenden al cerciorarnos acerca de cuál ha sido la actitud personal de Aristóteles frente a la ciencia positiva propiamente hablando. En ésta perspectiva nos encontramos con todo un cientista a carta cabal, un “científico” empírico, (no empirista) e inductivista. Es un Aristóteles que no solo llega a….[10]

1.- Mencionar la ecuménica cantidad de 500 especies de animales distintas entre sí;
2.- Desecar personalmente cerca de 50 tipos de animales;
3.- Establecer una escala natural de clasificación de los seres vivientes que no será superada sino hasta el advenimiento de Linneo;
4.- Que evidencia la propiedad de cetáceos en los mamiferos;
5.- Que distingue y clasifica lcon extraordinaria exactitud los peces que tienen esqueleto óseo de los que tienen cartilaginoso;
6.- Que descubre el desarrollo del embrión del pollo y comprueba que ya para el cuarto día de incubación la presencia del corazón “como una máscula de sangre en la clara del huevo que late como si estuviera viva”;
7.- que dá una excelente descripción de las cuatro cámaras del estómago de los rumiantes.
8.- que comprueba la peculiaridad de la cópula de los cefalópados;
9.- que describe de manera viva y detallada el pez torpedo, que – dicho sea de paso – ha sido ratificada (su descripción) por observaciones posteriores.
10.- que estudia de manera minuciosa las costumbres de las abejas, etc., etc….

Sino que llega a plantear claramente – con visos de reconocimiento pleno a la empirio como criterio y punto de partida del conocimiento la práctica, esto es la práctica teórica y científica. Así lo muestra la cita que en la pág. 37 reproduce Farringhton de Aristóteles tomada de su tratado “generación de los animales”, la cita es la siguiente… “los hechos no han sido observados todavía de modo satisfactorio – dice Aristóteles refiriéndose a las costumbres de las abejas según testimonia Farrinhgton -; si alguna vez lo son, debe darse más crédito a la observación que a la teoría y a la teoría únicamente si está confirmada por hechos observados”
[11].

Lo cual parece poner de manifiesto cierta dualidad o incoherencia entre el Aristóteles filósofo de la ciencia y el científico natural. Esta aparente contradicción podría explicarse desde una perspectiva histórica respecto de su producción intelectual; sobre todo si compartimos el criterio de que ésta nueva orientación coincide exactamente con la última etapa de su vida (12 años) en que el Liceo se había constituido en un verdadero museo de historia natural a la par que en una de las más completas bibliotecas de la Antigüedad clásica al tenor de las conquistas alejandrinas, quien iba recogiendo a su paso toda especie de objetos, animales, plantas, libros, etc, que considerase que podrían ser útiles a su antiguo preceptor.

Volvamos atrás un momento…
Aristóteles contempló y analizó también otras variedades de razonamiento además del silogismo como el entinema o conclusión por indicios
[12]; el raciocinio probable, que se construye solo en base a proposiciones probables[13]; el dialéctico, basado en opiniones de los entendidos no en la rigurosa necesidad lógica; el retórico, que se aplica solo en los quehaceres relativos a la persuasión; el crítico, basado solo en razones supuestas, por cuanto, con frecuencia deviene sofístico.

Estas formulaciones lógicas tuvieron una gran repercusión como medio o “instrumento” (organon) del quehacer científico. Una muestra de lo cual está constituida en opinión de algunos tratadistas por la geometría euclidiana, la cual – según ellos – está estructurada sobre la base del organon aristotélico.

A modo de conclusión

Según se ha visto, Aristóteles se dedica a fundamentar teóricamente todo una concepción deductivista de la ciencia basada sobre todo en el silogismo, ante lo cual se compone la necesidad de “principios primeros e inmediatos” de por sí mas conocidos y anteriores que sirven de base a la deducción, axiomáticos (corrientes en el razonamiento matemático. No pueden ser demostrables pues toda prueba debe necesariamente suponerlos.

El más universal de estos principios es el principio de contradicción que niega la posibilidad de que “lo mismo convenga y no convenga a lo mismo en el mismo sentido y al mismo tiempo”
[14]. Muy relacionado con éste existe el principio del tercero excluido que establece que “ entre dos términos de una contradicción no se da la posición intermedia. El uno o el otro debe necesariamente ser verdadero. No hay tercera posibilidad”.

Estos principios son vitales a toda demostración silogística, pero en tanto que a principios puramente formales no podemos ir demasiado lejos amparados en ellos. La evidencia nos dice que necesitamos de puntos de contacto reales del saber. Tales puntos de partida están constituidos por los postulados que son proposiciones sobre cuya validez o contenido de verdad nada se decide en ningún principio.

Entre los principios materiales del saber tendríamos que incluir necesariamente las hipótesis que no son sino suposiciones que por vía de prueba enuncian algo sobre la realidad; y las definiciones que no son sino enunciados sobre la esencia de los seres particulares; etc.

El concepto de verdad en Aristóteles

Como se puede inferir fácilmente de lo planteado a lo largo del presente ensayo, en Aristóteles nos encontramos con un concepto realista, objetivista de la verdad. En el libro VI de la Metafísica Aristóteles plantea que “decir que el ser no existe o que el no ser existe, he aquí lo falso; decir que el ser existe, que el no ser no existe, he auqi lo verdadero”.
[15]

Bibliografía:

- El alma, Aristóteles, En Obras; Aguilar
- Ética Nicomaquea; Aristóteles, En Obras; Aguilar
- Metafísica; Aristóteles, Ed. Universo; Lima 1977, 2° Edición, Trad. A. Salazar B.
- Analíticos Posteriores, Aristóteles, Univ. Central de Venezuela 1968, Trad. Y notas de J. D. García Bacca
- Refranes presocráticos (Jenófanes); México 1968, trad. Y notas J.D. García Bacca
- Frayle; Historia de la Filosofía, tomo I


[1] Aristóteles; “Analítica posterior” Libro I , Pág. 276 – párr. II; Obras
[2] “Luego no hay ideas sino de la esencia”, Aristóteles; en: Metafísica Libro I – pág. 35
[3] Metafísica; Libro VII – Cap. XV – Pág. 165
[4] Metafísica; Libro V – 93
[5] “Analítica posterior”; L.I – capítulo I, 24b – pág. 275 –parr. III
[6] Ibid; b3, 91 a 1
[7] Véase: referencia 40
[8] “analítica primera”, Libro I – Cap. I 24b; p+ag.276 – Párr.II
[9] Cfr. 346 – Parr.II; Obras
[10] Los subsiguientes datos han sido extraídos casi textualmente de B. Farringhton (material de apoyo citado previamente)
[11] Para mayor amplitud véase: Metafisica; Libro VIII, págs. 90-91, párr. I, II, III
[12] “An. Posterior”, Libro II – cap. XVII – 0a – pág. 348
[13] Ibíd.;
[14] Metafísica; Libro IV – cap. VII – pág. 89
[15] Metafísica; Libro VI – Cap. VII – pag. 89

miércoles 6 de mayo de 2009

Breve estudio crítico acerca de la teoría de la ciencia en Aristóteles, IV





IV – Apuntes para el estudio de la teoría del conocimiento en Aristóteles

Según hemos visto, en la metafísica
[1], Aristóteles ha afirmado categóricamente que “nada que sea universal tiene una existencia aislada de los seres particulares”; pues un universal no hace sino reflejar propiedades y relaciones de los seres sensibles concretos[2] y en tanto que esencia, es absurdo que pueda separarse “de aquello que ella es esencia” sin que éste ser deje de ser. De ahí que por absoluta necesidad todo universal debe venir dado siempre a partir de las entidades particulares, y lo que es más, empíricas, según la opinión de Aristóteles, la experiencia da una visión ejercitada de las cosas pudiendo en consecuencia, aquellos que se basan en ella, captarlos en toda su riqueza y exactitud. Pero bien, siendo la realidad siempre concreta, es evidente que la experiencia será también particular; pero es precisamente a partir de las entidades particulares como es posible aprehender lo universal. De ahí que nadie sea sabio por naturaleza como se desprende de la cosmovisión platónica.
En éste sentido, Aristóteles plantea que es a partid de los principios y en relación con los fines como se hacen las demostraciones, en cuyo sentido el entendimiento es a la vez principio y fin; “no obstante hay que tener en cuenta las afirmaciones no demostradas y las opiniones de las personas empiristas, de los ancianos o de las personas que reflexionan, como también las demostraciones pues la experiencia ha dado a aquellos una visión ejercitada de las cosas, y así ellos las ven con toda exactitud. “(…)” a partir de los hechos particulares se deduce lo universal. Ahora bien: éstas proposiciones particulares exigen la sensación, y ésta sensación es, hablando propiamente, lo que alimenta el pensamiento
[3]. Que si bien la intuición es la fuente originaria del conocimiento científico (primeros principios) “es evidente que hemos de llegar a conocer las premisas, primarias por inducción, pues el método por el cual la percepción sensible siembra en nosotros el universal, es inductivo”[4].

Los precedentes planteos ponen de manifiesto casi gráficamente una gnoseología totalmente divergente – sino opuesta – respecto de la gnoseología platónica. Se trata de una clara reacción contra el racionalismo del maestro. Mientras que en Platón las esencias entitativas (universales) se hallan fuera de los seres sensibles, en Aristóteles residen en el ser.
Siendo los universales conceptos o entidades apriorísticas sino residentes en el mundo real-sensible, es que es a partir de las particularidades que mentalmente se ha de estructurar el universal, que es el fundamento vital de todo saber científico. A todo el innatismo platónico se opondrá la percepción sensible, pues si desde un principio- objeta Aristóteles- está alojado el más neto saber “¿Cómo podríamos pasar por alto éste hecho?”
[5], por demás de que, es obvio que un ciego de nacimiento no tendrá idea alguna de los edores, las formas geométricas, etc…

Frente al apriorismo platónico, Aristóteles planteará con insistencia que “nada hay en nuestro pensamiento que no haya estado antes en nuestros sentidos”, llegando a plantear que la teoría platónica de las ideas no pasa de ser una “fantasía poética innecesaria”.
En el Felón, Platón plantea que los sentidos pueden (y con frecuencia lo hacen) engañarnos respecto de lo cual, al parecer Aristóteles va a plantear que los testimonios de los sentidos son siempre seguros cuando se ponen en práctica los recursos de lugar
[6]…la falta de certeza se presenta cuando a tales o cuales objetos aplicamos estos testimonios.

Ahora bien, los sentidos no hacen sino percibir (sensación, percepción sensible) la forma de los objetos sensibles, haciendo abstracción de la materia que le sirve de envoltura (especies sensibles)
[7]. Al sucederse cierto número de éstas representaciones en nuestra memoria se van formando representaciones de una generalidad cada vez mayor, asi, comenzamos- por ejemplo – percibiendo un tipo concreto de planta, verbigracia el naranjo, la caoba, etc., surgiendo en ésa medida la representación de vegetal; el grado de generalidad alcanzado por ésta representación le hace situarse en un nivel muy cercano del universal tanto que ya se halla casi expuesto a ser superado por el mismo, de ahí las razones por las cuales se las llame especies inteligibles, pero en la medida en que aun no ha alcanzado el estadio superior del alma, aun se halla confinado al momento pasivo del entendimiento, es decir, sensible, en última instancia todavía “corruptible e inestable”.

Esta “labor” estará exclusivamente reservada para aquella instancia que Alejandro de Afrodisia bautizó cinco siglos más tarde con el nombre de Entendimiento Agente, que actúa de manera activa y creadora sobre ésta materia semi-elaborada para extraer de allí la esencia pura, ideal…el concepto. Ahora bien, el entendimiento agente no actúa sin el testimonio primero del entendimiento pasivo (imágenes), empero su actividad es autónoma, propia, y hasta cierto punto, “independiente”; ésta actividad es la que se encarga de hacer consciente el espíritu de la “quididad” o esencia pura del objeto o grupo de objetos en cuestión.
En “De Ánima” Aristóteles plantea claramente que “la mente en estado pasivo es tal porque viene a ser todas las cosas, pero la mente posee otro aspecto según el cual hace ella todas las cosas; es este una especie de estado positivo como la luz, pues la luz, en algún sentido hace actuales los colores que son solo potenciales. La mente es en éste sentido separable; no es pasiva ni está mezclada con nada, puesto que es esencialmente una actualidad “(…)”. El conocimiento actual es idéntico a su objeto” (…)”. La mente no piensa intermitentemente. Cuando está separada, ella es su propia verdad y nada más, y solamente esto es inmortal y eterno – pero no recordamos, porque mientras que la mente en éste sentido no puede ser actualizada, la mente en su sentido pasivo es perecedera - , y sin esto no piensa nada”
[8]

Los puntos de contacto, o mejor dicho, la estrechez de los lazos entre Aristóteles y su viejo maestro en este aspecto de sus filosofías parecen estrecharse hasta semejar la fusión.


[1] Aristóteles; Metafísica, Libro VII – C. XXI – pág. 167
[2] Aristóteles; Anal. Post. Pág.45 – Párr. I - II
[3] Aristóteles; “Ética Nocimaquea”; Libro VI – Cáp. XI 1143b – pág.1248 – Párr.
[4] Aristóteles; “Analíticos posteriores”, Libro II Cáp. XIX – 100 b/pág. 413
[5] Aristóteles; “Analítica posterior”; Libro II, Capítulo XIX – 99b/pág.412
[6] “Los hechos no han sido todavía observados de modo satisfactorio” (…) Tomado de: Aristóteles; Generación de los Animales.
[7] Aristóteles; “De ánima” Libro II, Cáp. XII, párr. I /424b
[8] Aristóteles; “De Ánima”; Libro I – Cap. V, Obras…

viernes 10 de abril de 2009

Breve estudio crítico acerca de la teoría de la ciencia en Aristóteles

II- Apuntes para una aproximación al estudio del condicionamiento social de la teoría de la ciencia en Aristóteles

Aristóteles “hereda” de su maestro los fundamentos de una concepción del conocimiento científico y filosófico “pura”. Esta concepción se explicita a lo largo de todo el conjunto de libros de su “filosofía primera” lo cual es en parte explicable partir de la estructura social griega de la época.
La ciencia de la Antigua Grecia alcanza sus niveles de mayor florecimiento en pleno apogeo del modo de producción esclavista. La mano de obra esclava constituía el fundamento material humano de la producción; y era bastante abundante, lo cual abarataba su valía y determinaba su fácil consecución.
Si la mano de obra esclava se hubiese escaseado, en pleno apogeo de la ciencia griega es posible que esta hubiera contado con algún aliciente o estímulo material para inclinarse hacia la producción material; pero hacia el esplendor del “genio griego” feneció antes en el tiempo, es decir, mientras el esclavismo se mantenía como modo dominante de producción.
He aquí, acaso, una de las razones fundamentales de la orientación eminentemente teoricista, totalmente desligada del proceso productivo que en términos generales “ciencia” caracterizó la “ciencia griega” de la antigüedad clásica.
En otro orden de ideas, reviste de especial interés el caso de Aristóteles que en sus escritos políticos llega a plantear una dicotomía infranqueable entre hombres libres (ciudadanos) y esclavos, arguyendo que se trataba de algo natural; que hasta las montañas y los árboles mostraban jerarquización; que semejando la sociedad una especie de macro familia era evidente que la división o jerarquización era una realidad necesaria, etc. Esto así, por cuanto, si los esclavos habían sido predeterminados para el trabajo físico (que llego a ser considerado por el mismo Aristóteles – inclusive – como algo bajo y degradante, indigno del ciudadano) es “natural” que el ciudadano deberá dedicarse a actividades que se correspondan con su esencia. Si la nacionalidad es lo que diferencia al hombre de los animales y de las plantas, entonces, concluirá Aristóteles, aquel que haya alcanzado un nivel espiritual superior, o sea, cada vez menos ligado a lo utilitario, será más hombre, más humano.
Para Aristóteles, en ésta búsqueda…la ciencia es un atributo y la filosofía su ideal; esto así, pues mientras más “pura” fuese la ciencia estaría más lejos del trabajo sensible, por ende, en la medida en que la ciencia es menos utilitaria es más ciencia, encontrándose cada vez más cerca de la filosofía que es el ideal de todo conocimiento.
“Hay nombres que se parecen más a una planta que a otro hombre”, dirá con insistencia Aristóteles. De ahí la necesidad “natural” a su juicio del hombre en cuanto que tal por el conocimiento, pues “¿Qué es lo que diferencia a los hombres de los animales sino el pensamiento racional?”
Entonces, el hombre será cada vez “más humano” en la medida en que más logre alejarse de la naturaleza y el sentido común, de ahí que la filosofía en Aristóteles también aparece como símbolo de la libertad espiritual y la búsqueda de la “esencia humana”.
No sin “razones” encontramos que en el primer párrafo de la Metafísica Aristóteles afirme que “todos los hombres tienen naturalmente el deseo de saber y conocer. Las sensaciones que nos causan las percepciones de nuestros sentidos son una prueba de ésta verdad. Nos agradan por sí mismas, independientemente de su utilidad”.
De lo antes planteado en torno al condicionamiento social de la teoría de la ciencia en Aristóteles, por lo menos una idea debe quedarnos clara, y es que la filosofía aristotélica de la ciencia no está condicionada solo socialmente sino también teóricamente, como se ha procurado poner de manifiesto con las frecuentes referencias que se han hecho a las filosofías no solo platónicas sino también socráticas, lo cual deja fuera todo intento reduccionista o economicista en el análisis y tratamiento de éste “momento” de la filosofía aristotélica.